Crónica: Lucky Chops en Madrid, positivismo y energía

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3 de marzo de 2017

Fotografías: Lechuck Studio

Texto: Pablo Luque

 Lucky Chops

“Nos gustaría inspirar a cualquier joven a que coja un instrumento y empiece a tocar, ya sea un saxofón, una guitarra o una tuba. Despertar esa curiosidad en alguien es algo que no tiene precio” . Estas palabras de Josh Holcomb, trombonista de los neoyorquinos Lucky Chops, demuestran que la música siempre puede tener un valor que va mucho más allá del placer auditivo. Junto a proyectos como el de 2Cellos o James Rhodes, hoy en día están surgiendo nuevas formaciones de músicos tan interesados en tocar como en acercar a las nuevas generaciones unos instrumentos menos integrados en la música de masas y demostrarles que estos también merecen su atención.

Lucky Chops son una brass band formada por Joshua Holcomb (trombón), Ralph Buyo (tuba), Daro Behroozi (saxofón), Joshua Gawel (trompeta) y Charles Sams (batería). Un grupo de amigos de toda la vida que un día decidieron tocar en el metro de su ciudad, Nueva York; unos años más tarde, y varios millones de visitas en YouTube después, pisaron el escenario de la sala madrileña Joy Eslava ante un público expectante que agotó las entradas.

Lucky Chops

El fenómeno de Lucky Chops atrajo a público de todas las edades y tipos, desde familias, grupos de jóvenes, hasta adultos trajeados recién salidos de la oficina. Ahí reside la magia de la música, la capacidad que tiene para unir, y ese es precisamente el mensaje que estos cinco músicos pretendieron y consiguieron transmitir. Convirtieron Joy Eslava en una fiesta, con unas melodías cargadas de energía y positivismo plasmadas en composiciones propias y en las versiones que los han hecho famosos.

Estos chicos reconocían “estar viviendo un sueño” en una entrevista concedida a 1906, y por la noche ese entusiasmo fue totalmente palpable en sus ejecuciones, de una intensidad y unos movimientos más habituales de estrellas del rock que de una banda de instrumentos de viento.

Lucky Chops

Después de más de una hora de baile llegó el momento de las piezas con más espacio para la improvisación, en la que cada uno de los cinco músicos pudo demostrar que su éxito está fundado en el dominio de su instrumento, más allá de la popularidad de las redes sociales. Para el fin de fiesta se reservaron un medley de clásicos como Stand by me o Eye of the tiger y también Danza Kuduro.

Después de más de hora y media de concierto, con el público rendido a sus pies, quedó demostrada la brillante capacidad que tienen Lucky Chops para dar su interpretación personal a géneros tan dispares y convertirlos en algo distinto capaz de entusiasmar a cualquiera, sin importar con qué tipo de instrumentos se haga.